Por Cristina F. Pereda

Basta con mirar la lista de los artículos más leídos de un medio online para ver la diferencia. La mayor proporción de noticias publicadas cubren asuntos de actualidad internacional y nacional, sociedad, política y economía. Pero los más leídos, los preferidos por la audiencia, tratan temas de entretenimiento, deportes, espectáculos y sexo.

Screen Shot 2013-11-12 at 3.15.51 PMLa brecha entre un grupo de noticias y otro, mucho más evidente desde la irrupción de Internet, es motivo de debate en redacciones de todo el mundo. ¿Por qué se lee más aquello de lo que menos se escribe? ¿Deben los medios responder simplemente a lo que más interesa a los lectores y ofrecer más noticias de esos temas? ¿O merece la pena invertir recursos en contar lo que menos quiere la audiencia?

Estas cuestiones son el centro deNews Gap, el trabajo publicado recientemente por Pablo Boczkowskiy Eugenia Mitchelstein, investigadores de la Universidad Northwestern en Chicago. Ambos han analizado más de 50.000 noticias publicadas por veinte medios online de siete países diferentes. Nueve de ellos son estadounidenses y entre el resto se encuentran EL PAÍS y El Mundo, de España; The Guardian de Reino Unido o los argentinos Clarín y La Nación.

Boczkowski explica que la brecha no es necesariamente nueva, pero los medios tenían antes menos diálogo con los lectores. “Éstos se volcaban a buscar información y, como no había muchas opciones, podían esperar hasta ver el contenido que les interesa”, asegura el investigador. “Si no interesaba, no había alternativas. Ahora el usuario tiene mucho más fácil ignorar lo que no le interesa. La brecha significa ahora algo mucho más importante que hace 30 o 40 años”.

Entonces, escriben los autores de News Gap, “el público tenía una capacidad limitada para ignorar otros temas, incluso si querían hacerlo. Para los medios tradicionales esto contribuyó a una brecha tolerable entre la oferta y la demanda de noticias. Les ayudó a cumplir con su misión de servicio público consistente con la ideología prevaleciente mientras disfrutaban de abultados niveles de ingresos”.

Ahora el contexto es otro. “Internet ha permitido a los consumidores recibir las noticias que quieren e ignorar el resto”. El desafío para los medios de comunicación ya resulta evidente en sus pérdidas económicas, la reducción de ingresos por publicidad -exacerbada por la crisis económica- y en la dificultad para retener una audiencia cada vez más dispersa.

Para Boczkowski y Mitchelstein, sin embargo, una consecuencia aún más grave puede ser la dificultad de los ciudadanos para participar en la democracia. “La falta de interés en la información relacionada con asuntos públicos puede desembocar en una ciudadanía que no está preparada ni dispuesta a discutir esos temas, y la fragmentación de la audiencia puede minar la posición de los medios en la esfera pública”.

Los autores aseguran que este nuevo contexto genera una sociedad en la que los conocimientos políticos y económicos son superficiales y los ciudadanos tienen poca información que compartir. “Esto dificulta que esos ciudadanos participen la vida cívica de la sociedad en la que viven”, dice Boczkowski.

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Al mismo tiempo, apunta Mitchelstein, los políticos pierden el espacio con el que solían contar para trasladar sus posturas a la población. “Los medios son empleados por los líderes políticos y empresariales para explicar sus posturas, sin la capacidad de los medios de establecer esa agenda, no tienen cómo llegar”, apunta.

En esa disminución de poder mediador también pierden los medios. Según Boczkowski, representa la debilidad de la industria a la hora de marcar la agenda de temas que marcan la actualidad. Los investigadores compararon los datos de las noticias que más valoran los lectores -las más leídas- y aquellas a las que dan más importancia los periodistas y responsables de los diarios. Éstos sitúan en la parte superior de las ediciones online aquellas noticias que consideran más relevantes, siguiendo un proceso similar a la selección de los textos que se publicarán en la portada de un periódico.

“Es difícil para los editores porque en sus decisiones están representando la marca y también lo que consideran que el lector necesita saber”, asegura Boczkowski. Para su compañera de investigación, encargada de entrevistar a decenas de periodistas para contrastar lo que revelaban los datos, también habla de la resistencia de los editores a que “el interés de la audiencia defina cuál va a ser la agenda”.

Medios de todo el mundo ven como los momentos de intensa actividad política, como unas elecciones presidenciales, aumentan la atención de los lectores hacia esas noticias. Ese interés, que se desvanece en cuanto termina el ciclo electoral, exige a los medios una mayor flexibilidad en la manera de trabajar de los periodistas para responder más fácilmente a lo que demanda la audiencia.

Boczkowski reconoce que es un asunto complejo. “No se trata de darle más de lo que quiere el público, porque entonces el medio perdería su identidad”, reconoce. La agenda, explican los autores, queda organizada tradicionalmente en función de los temas que valoran los periodistas, por lo que sugieren flexibilizarla para que acoja lo que también valoran los lectores. “Vimos que había diferentes momentos en los que la oferta siempre es más estable que la demanda”, dice el investigador. “Lo que la gente quiere saber cambia mucho, pero el modo de producción de noticias no”.

 

Fuente:  Periodismo con Futuro, blog El País

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